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Cadena 3

MONITOREO DE CULTIVOS

Una agricultura de bajo impacto como meta

Bajo la notable convocatoria del encuentro sobre manejo y monitoreo de plagas, malezas y enfermedades, Daniel Igarzábal se adentró en el mundo de la agroecología y ante su impracticabilidad en cultivos intensivos de una agricultura de menor impacto en el medio ambiente

22/06/2022 | 15:38

Con una excelente convocatoria de profesionales, asesores y productores se lleva a cabo en el Hotel Quorum de Córdoba el 17° Encuentro Nacional de Monitoreo y manejo de plagas, malezas y enfermedades.

Entre la variedad de contenido bridando por destacados disertantes de la actividad y el aporte de las empresas auspiciantes, sobresalió la exposición de Daniel Igarzábal sobre un tema que es una auténtica “papa caliente”: la agroecología.

Apenas concluida su disertación, seguida con atención por el millar de asistentes, Igarzábal dialogó con El Campo Hoy.

“Se están hablando mucho hoy en día y la información a veces dada a la gente de los pueblos, de las ciudades, le llega de otra forma o le llega por otras vías. Y los que trabajamos en el campo y los que hacemos las cosas en el campo, tenemos una visión un poco distinta. Y lo que quería aclarar es que la palabra puede tener muchos significados, pero, en definitiva, lo que lo que proponemos es bajar el impacto de la agricultura.

“No hay duda que cualquier tipo de agricultura produce impacto, hasta la agricultura orgánica. Poner dos plantas juntas ya es impacto. La agroecología lo que propone es una agricultura sin agroquímicos. Eso es posible en pequeña superficie, en la agricultura familiar en situaciones bastante distintas a la del cultivo extensivo. Por lo tanto, el productor argentino, no va a adoptar este tipo de método, es inadoptable.

“Por más que sea muy bueno, la agricultura orgánica es muy buena. Es muy buena cuando se hace bien. No es una agricultura sin agroquímicos, sino que es todo un proceso por el cual desde el suelo y el compostaje a llegar a productos realmente de muy buena calidad y que tienen saludabilidad. Entonces no estoy en contra de la agricultura orgánica, ni mucho menos. Lo que digo es que no va a ser adoptado en el gran cultivo. Entonces tenemos que tener una propuesta propia y la propuesta es agroecológica. Bajar el impacto con una metodología que empieza por el monitoreo, que pasa por el uso de productos biológicos, por el uso de productos químicos, pero con mucho criterio y que tiene que tener la intervención estatal, sin ninguna duda, en cuanto a lo que es investigación y en cuanto a lo que es toda la parte de políticas agropecuarias.

- ¿Y cómo estamos transitando ese camino en qué instancia estamos?

- Muy lento, muy lento. Esta propuesta como tal no existe, como unificada. Existen sobre todo en la provincia de Córdoba las buenas prácticas agrícolas como una política de Estado que es muy buena y creo que ahí es donde se pueden incorporar este tipo de situaciones que es bastante más impactante si se quiere, no solamente a nivel social, sino también económico y ambiental.

- ¿Qué se está haciendo en otros países? Uno puede tomar la referencia si hay un país que está liderando esta nueva tendencia.

- Es difícil comparar la Argentina con otros países, salvo Brasil, Estados Unidos o algunos países del Este de Europa. Porque digamos, la agricultura extensiva a los niveles de tener 50 millones de hectáreas de cultivos extensivos, no se da en todos los países. Entonces casi todas las políticas están orientadas a otro tipo de superficies muy intensivas como son las europeas o agriculturas muy familiares, como son las de Centroamérica. Entonces es difícil de comparar y decir allá están mejor o acá están peor. Cada país tiene que tener su propia política y desarrollar su propio método para para bajar el impacto.

- ¿Cómo seguimos entonces?

- A ver, siempre me preguntan por qué tan lento. En el año 2000 en Argentina se monitoreaba cero hectáreas, o sea, no se hacía monitoreo en soja con 7 millones de hectáreas. Hoy con 18 millones, la mitad -por lo menos de soja- está siendo monitoreada. Es decir, se monitorea para saber qué aplicar y hacerlo de la mejor manera y no aplicar cuando no haya que aplicar. Eso no pasa ni en Brasil ni en Estados Unidos. Entonces el productor argentino adopta este tipo de tecnología; por lo tanto, creo que es tierra fértil como para poder empezar a sembrar la agricultura de bajo impacto en Argentina.

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